CENTRO DE ESCRITURA

Indio Borrado

RESEÑA: En Indio borrado , Luis Felipe Lomelí nos transmite la vida de un mestizo contemporáneo, llamado el Güero. La historia se desarrolla en la colonia Revolución proletaria, en Monterrey. El protagonista, un chico de 13 años de edad vive sus días al límite llenos de violencia, armas y un poco de drogas. Orgulloso de su primer salario para empezar a mantener a su familia, se enfrenta al regreso de su padre, quien siempre está ausente y cuando está es sólo para golpear y abusar de la familia. El Güero se ve obligado a convertirse en un hombre. Y en este contexto, las ofensas, insultos y humillaciones por parte de su patrón, de su padre y de los Rats, la pandilla a la que pertenece, deben ser enfrentados con inteligencia. Esta es una historia de quien, para ganarse la vida, para llegar a ser alguien "grande que deje huella", debe enfrentar su destino sin importar las consecuencias que esto conlleve.

 

 

Karla Hernández, tutora del Centro de escritura

Mi nombre es Karla Hernández tengo 20 años de edad y he leído su libro: Indio borrado. Honestamente, al leer el título me imaginaba algo completamente diferente. Algo ocurrido en otra época, no la actual. Jamás imaginé que éste nos relataría una historia urbana, y más aún la historia sobre un chico miembro de una pandilla. Entonces, surgió mi primera duda. ¿De dónde proviene el título del libro? ¿Cuál es su significado? En la historia sólo habla de indios rayo pero, ¿y el indio borrado?

 

Hablando de la historia del libro, me pareció bastante fuerte, agresiva, interesante e inusual. Es decir, abordar un tema tan común y a la vez tan alejado de las personas en un contexto universitario-profesional, como lo es el vandalismo en México, realmente te pone a pensar. Te pone a pensar en que son situaciones reales, tal vez crudas pero que suceden. Que si prestamos atención se encuentran a la vuelta de la esquina, sin embargo, es algo que no todos tenemos presente. Por eso considero que la sociedad necesita leer este libro para pensar cómo es que esas personas viven el día a día; que no se comparará a mi día, al suyo, o al de mis compañeros.

 

Debo admitir que leer este libro no fue tan agradable o atractivo dado que las situaciones descritas son tales que uno puede casi sentir algunas de las cosas que “el Güero” vive. Además, la frialdad con la que se relatan los hechos, como los actos vandálicos, los asesinatos, cómo mata a su padre, etc., hicieron que experimentara sensaciones como angustia, pena e incomodidad porque realmente te lo imaginas; entonces es como si estuvieras ahí.

 

Por otra parte, la estructura del libro me dejó confundida en algunos capítulos. Me desesperaba el hecho de quedarme con dudas al no saber exactamente qué fue lo que había ocurrido. Por la forma en la que está escrito, algunos actos quedan inconclusos y muchos pensamientos del “Güero” me parecen dispersos. Como cuando llega a casa; antes de entrar nota que su padre está dentro, el “Güero” piensa mil cosas que podría hacer: enfrentar a su padre, insultarlo, golpearlo, etc. Sin embargo el capítulo acaba y no se concluye nada. O cuando dedica capítulos completos con un párrafo solamente para decir lo que hubiera pasado si el “Güero” hubiera disparado. Al hacerlo de manera continua se infiere que son meras suposiciones pero nunca sabes de quién provienen esos pensamientos o porqué son tan diversos entre sí. En lo personal, opino que algunas de las ideas quedan ambiguas. De aquí se deriva mi siguiente pregunta ¿por qué escribir capítulos tan cortos? ¿Cuál fue su intención al escribir así?

 

En general, su libro no fue cómodo de leer debido a las partes que contienen violencia. Éstas me causaron conflicto. Aun así, cabe resaltar que llega un punto en el que la historia de verdad te atrapa. Que es como esas historias urbanas que necesitan ser contadas. El modo en que se plantea la historia me dejó atónita y estoy segura de que a muchos más les provocará la misma sensación.

 

Finalmente quiero lanzar la pregunta que me provocó revuelo de principio a fin de esta lectura, ¿qué lo llevó a escribir sobre pandillas urbanas?

 

 

Luis Felipe Lomelí, narrador mexicano.

Querida Karla, Muchísimas gracias por leer mi novela. Siempre es una alegría saber que alguien se ha tomado el tiempo de recoger esa botella al mar que uno lanza con la esperanza de que ocurra ese fenómeno extrañísimo, casi milagro, de la comunicación entre desconocidos. Y, más aún, que haya una botella de vuelta: tu carta.

 

Respondo sucintamente, aunque me gustaría extenderme. El título de la novela, Indio borrado, tiene que ver con una historia poco conocida, olvidada a posta: las culturas del noreste de México fueron designadas de esa forma por los españoles –borrados, tatuados, rayados-, precisamente, a falta de comunicación, interés o encuentro verdadero entre los que estaban y los que llegaron (de ahí el nombre del equipo de futbol Los Rayados de Monterrey), pues lo único que conocieron de ellos fue su apariencia física, sus rostros tatuados –como hace el Güero al final de la novela- y, por supuesto, sus calaveras y esqueletos después de las masacres. Pero también por este olvido, este intento de hacer desaparecer de forma metódica, toda referencia a nuestra cultura que no se acople a los estándares institucionales. Entiendo que vives en Puebla, una de las ciudades con mayor presencia y diversidad de lenguas no-europeas en México que, sin embargo, nunca están reconocidas en los programas culturales de la ciudad más allá de un asunto folclorista. Eso: están borradas. O se pretende borrarlas.

 

Algo similar sucede con la realidad de la mayoría de las personas del mundo: una exclusión sistematizada en los regímenes de representación, de conocimiento, de participación en la discusión pública. En el caso de Puebla, a pesar de ser según el INEGI el municipio con mayor número de personas que viven en la pobreza, poco se repara en ello desde las instituciones o las universidades. Y sin embargo, como bien dices, son los vecinos de los universitarios, incluso sus parientes. Así, escribir sobre “pandillas urbanas” es también escribir sobre nuestra propia familia, sobre nuestros amigos, alejarse de la narrativa de “éxito” (exit: salida) que pretende mostrarnos que hay un solo camino en la vida. Los caminos son múltiples y no necesariamente dependen sólo del trabajo y la decisión personal de tomar uno u otro. En el caso de El Güero se vuelve más relevante defender a la propia familia, al territorio donde viven las personas que ama, antes que el supuesto triunfo profesional de convertirse en un maestro electricista, estudiar una carrera técnica o una carrera profesional. Pues para la mayoría de personas en este mundo, como podrás ver en tu propia familia, el triunfo profesional es un lujo.

 

La estructura de la novela busca la ambigüedad a propósito en lo particular: para que el lector sea quien lo complemente y para, más importante, intentar mostrar cómo muchas veces nos perdemos en el accidente, en los detalles de nuestra propia vida, y eso nos hace olvidar o distraer de lo realmente importante, de lo que está siendo significativo en la construcción de nuestro futuro. Por eso, incluso, la secuencia del “hubiera” (con su promesa cotidiana de que el mundo sería diferente si hubiéramos hecho tal o cual cosa en vez de otra) termina en un mismo desenlace: porque dicho hubiera parte de un accidente, de algo irrelevante (a lo que solemos dar importancia), y no de algo significativo.


Un abrazo,
Luis Felipe

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